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Las Tierras Altas de Escocia

0 comentarios - Fecha: 2008-10-19
Es octubre. Llueve y respiro frío. El viento vuelve a soplar con fuerza. Se mueven los matorrales y brezales de una pradera desoladora, infinitamente verde, de una tierra que rezuma agua por todas partes.

Las Tierras Altas de Escocia. Glencoe

Estoy en las montañas de Glencoe. Empiezo a caminar y mis botas se hunden en una tierra húmeda y suave, puro musgo.

Es la estampa que refleja la esencia de una tierra dura, de una naturaleza intensa, como intenso es el espíritu de sus moradores, de los “highlanders”, de los herederos de unas tierras que siempre han sentido tan suyas.

Las Tierras Altas de Escocia. Glencoe

Dicen que los habitantes de este país “se consideran primero escoceses, luego, seres humanos, y por último, británicos…si no queda más remedio.”

Entre estas montañas de Glencoe, o en las praderas desde las que se alza el Ben Nevis, aún palpita la historia de una Escocia de siglos de rebeliones y batallas.

Las Tierras Altas de Escocia. Ben Nevis

Caledonia – suena bien el nombre que le dieron los romanos a Escocia- es Tierra de brumas, de lagos oscuros y misteriosos.

Las Tierras Altas de Escocia

Sopla de nuevo el viento y deja que el cielo se despeje. Alguna nube persistente hace que siga lloviendo y que, de ese lago que empiezo a ver al fondo… surja un arco iris.

La luz es increíble.

Las Tierras Altas de Escocia

En pleno corazón de la Tierras Altas, en el Lago Duich, de camino a la Isla de Skye, está el castillo de Eilean Donan.

Escocia. Castillo de Eilean Donan

En el lago se mueve a sus anchas… una foca gris; juega, nada y se aleja.

Un lugar mágico.

Las Tierras Altas de Escocia. Hairy Coo

Allí parado, en medio de una estrechísima carretera que parece llevar a ninguna parte, el animal observa recio y desafiante.

A mi izquierda puedo leer el cartel que dice: “Passing Place”, y como un guiño a una traducción que no es, pienso : “… será que esta vaca tiene preferencia de paso…”. Es una “hairy coo”, una vaca peluda como las llaman por aquí de forma familiar, de enorme flequillo, pelirroja a rabiar, como buena escocesa.

Las Tierras Altas de Escocia. Isla de Skye

Los pastos de la Isla de Skye son el reino de las vacas y de las ovejas.

Las Tierras Altas de Escocia. Isla de Skye

Skye es solitaria, sobrecogedora, salvaje y sobre todo muy, muy hermosa. Una belleza que está precisamente en la desolación de esas praderas de turberas, que acaban en el mar, en unos acantilados con un verde, de nuevo, casi irreal.

Un manto de espesa niebla atraviesa, con una horizontalidad casi perfecta, las montañas que hacen de fondo en esta postal.

Las Tierras Altas de Escocia. Lago Katrine

La paleta de colores otoñales que estoy viendo a mi alrededor es espectacular.

Hace muchísimo frío y el cielo amenaza lluvia, pero no hay ni una brizna de viento.

El patrón del barco sale de la cabina con su cámara en la mano y saca unas fotos.

Las Tierras Altas de Escocia. Lago Katrine

Imagino que ha hecho este recorrido miles de veces, pero hoy el Lago Katrine debe estar particularmente hermoso.

El espejo del agua es impecable y el reflejo de los bosques en colores otoñales forma una acuarela digna de una obra maestra del impresionismo.

Las Tierras Altas de Escocia. Lago Katrine

Estas son las tierras que vieron crecer al legendario Rob Roy. Me resulta fácil imaginarle en cualquiera de estos rincones pastoreando con sus rebaños enfundado en el kilt y el tartán de los MacGregor.

Son las Trossachs, uno de los dos parques nacionales que tienen esta categoría en Escocia, a caballo entre las Highlands y las Tierras Bajas. El otro parque nacional escocés es el de las Cairngorms, más al noreste.

Empieza a llover, el cuadro que refleja el agua del lago se va deshaciendo con las gotas y el viento.

Mi viaje por las Highlands está llegando a su final.

Rebobino mis recuerdos desde el castillo de Stirling, abrumado por tanta belleza natural que he acumulado en mis recuerdos.

Las Tierras Altas de Escocia. Castillo de Stirling

Cuento decenas de cuervos revoloteando sobre el castillo. Miro hacia abajo y veo las cruces de un cementerio sobre un tapiz de un verde intenso (como no).

Resulta sencillo creer en fantasmas en escenarios como éstos.

Regreso a Dun Eidean (Edimburgo), a la Escocia de hoy.

Una ciudad elegante, aristocrática y georgiana. De piedra muy gris, a juego con el cielo.

Escocia-Edimburgo

Y desde lo más alto de la ciudad, en las colinas de Calton Hill, ordeno todos los momentos vividos en este viaje.

Y así, mentalmente, no puedo por menos que gritar las tres palabras que gritaba en gaélico William Wallace, al comenzar su gran batalla en aquella película que he visto ya unas cuantas veces…:

“ Alba Gu Brath ¡!!”.  Escocia para siempre.

Escocia. Edimburgo

(Dedicado a mis tres maravillosos compañeros de viaje, Rogelio, Annie y Susana).


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